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lunes, 9 de diciembre de 2013

Misceláneo de ideas y mar de chocolate.

Irremediablemente, el tiempo pasa. El tiempo pasa como un romántico saxo a media noche, o no tan media cuando hablamos de viajar por caminos reservados.

Puestos a contradecir, te diré que no sueñes, que la esperanza la perdí al ver amanecer o que me hallo escribiendo esto a mes de mayo, sabiendo que debo escribirlo.

Lo cierto es que no me paro a especular el por qué se mueven las teclas en mis manos, el as en la baraja o el vino en un pedestal. Los teatrales espectros trazan en mi piel las palabras “estanca tu aguacero” y las mareas me ladran “escríbeme”.

No sobreentiendas que esto es para ti, pues abunda veneno en el sobre. Tampoco sobreentiendas la ironía, corremos el riesgo de volvernos a conocer.

Orgullo. Orgullo. Orgullo. Pensamientos subconscientes y acciones maltrechas. Capturas de una fuerza que irremediablemente se lanza al cuello para trepar sin posibilidad, para protegernos y encarecernos.

Con todo el respeto, piss off!

Pero no venia a hablar de la vida; tampoco del día tan bonito que ha hecho hoy. Venía a hablar de un parásito. Algo peor que parásito, quizás un narciso que se marchita o una melodía atrofiada. Vengo a intentar descifrar un escenario quirúrgico que se apega a mí en estos momentos. “Intentar descifrar” porque siento que no lo controlo yo, y “quirúrgico” porque quizás haga falta más de un bisturí.

Adentro de todo lúminus que estalla en estos momentos, con nuevos aprendizajes, nuevas oportunidades de futuro, nuevas realidades y sentimientos… dentro de todo esto, se encuentra lo que yo llamaría “irremediable”. Este núcleo irremediable es lo que me trae tocado por la senda del “debo o no debo”. Lo que me incita a volver, pensar, regresar, no volver a trasnochar y regalarte un verdadero te quiero.

Circunstancias nos han puesto en esta situación. Malentendidos no explicados, solicitudes que vetaban hablar y trastos rotos, o no tan rotos. Lo cierto es que “comunicación” fue el mínimo común múltiplo, y posiblemente el “común múltiplo” se lo haya comido mi perro para cenar. Sea lo que queramos que sea, si en algún momento he de pedir perdón, ya lo hice. Y si en algún momento he de escribir palabras medidas, de nuevo, ya lo hice.

A mi pesar, y de otros, comentarios llegan a tus espaldas. Hago oídos sordos; quiero pensar que una y mil experiencias vividas valen más que una consonante asonante. Quiero pensar que tu afición a los postres, dotes de aguante y superación diaria se han convertido en la muletilla de mis deseos.

Y es que vale más un tonto convencido que un sabio titubeante…

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