Irremediablemente, el
tiempo pasa. El tiempo pasa como un romántico saxo a media noche, o no tan
media cuando hablamos de viajar por caminos reservados.
Puestos a contradecir, te
diré que no sueñes, que la esperanza la perdí al ver amanecer o que me hallo
escribiendo esto a mes de mayo, sabiendo que debo escribirlo.
Lo cierto es que no me paro
a especular el por qué se mueven las teclas en mis manos, el as en la baraja o
el vino en un pedestal. Los teatrales espectros trazan en mi piel las palabras
“estanca tu aguacero” y las mareas me ladran “escríbeme”.
No sobreentiendas que esto
es para ti, pues abunda veneno en el sobre. Tampoco sobreentiendas la ironía,
corremos el riesgo de volvernos a conocer.
Orgullo. Orgullo. Orgullo.
Pensamientos subconscientes y acciones maltrechas. Capturas de una fuerza que
irremediablemente se lanza al cuello para trepar sin posibilidad, para
protegernos y encarecernos.
Con todo el respeto, piss off!
Pero no venia a hablar de la
vida; tampoco del día tan bonito que ha hecho hoy. Venía a hablar de un
parásito. Algo peor que parásito, quizás un narciso que se marchita o una
melodía atrofiada. Vengo a intentar descifrar un escenario quirúrgico que se
apega a mí en estos momentos. “Intentar descifrar” porque siento que no lo
controlo yo, y “quirúrgico” porque quizás haga falta más de un bisturí.
Adentro de todo lúminus que
estalla en estos momentos, con nuevos aprendizajes, nuevas oportunidades de
futuro, nuevas realidades y sentimientos… dentro de todo esto, se encuentra lo
que yo llamaría “irremediable”. Este núcleo irremediable es lo que me trae
tocado por la senda del “debo o no debo”. Lo que me incita a volver, pensar,
regresar, no volver a trasnochar y regalarte un verdadero te quiero.
Circunstancias nos han
puesto en esta situación. Malentendidos no explicados, solicitudes que vetaban
hablar y trastos rotos, o no tan rotos. Lo cierto es que “comunicación” fue el
mínimo común múltiplo, y posiblemente el “común múltiplo” se lo haya comido mi
perro para cenar. Sea lo que queramos que sea, si en algún momento he de pedir
perdón, ya lo hice. Y si en algún momento he de escribir palabras medidas, de
nuevo, ya lo hice.
A mi pesar, y de otros,
comentarios llegan a tus espaldas. Hago oídos sordos; quiero pensar que una y
mil experiencias vividas valen más que una consonante asonante. Quiero pensar
que tu afición a los postres, dotes de aguante y superación diaria se han
convertido en la muletilla de mis deseos.
Y es que vale más un tonto
convencido que un sabio titubeante…